El confit de pato es sencillamente un muslo de pato cocido durante mucho tiempo a baja temperatura en su propia grasa. De esta manera la carne queda súper jugosa y tan tierna que se deshace en hebras al comerla, literalmente. El responsable de este resultado es el efecto de la cocción larga y a baja temperatura sobre una molécula que se llama colágeno. El colágeno es una proteína animal que es el principal componente de la piel y los tendones. Tiene una estructura de hélice triple bastante curiosa. Los músculos que hacen más trabajo (en las extremidades sobre todo) también tienen colágeno, que se encarga de unir las diferentes fibras musculares para hacerlos más fuertes. Cuanto más fuerte sea el músculo, más colágeno contiene, y cuanto más colágeno más dura será la carne y más tardará en cocinarse. Por eso la carne de los animales viejos es más dura y necesita cocciones más largas que la de los jóvenes, porque tiene más colágeno. La consecuencia de todo esto es que los cortes de carne ricos en colágeno no pueden cocinarse de la misma manera que los que casi no lo tienen (como por ejemplo el filete o la pechuga) ni pueden dejarse tan poco hechos.
| Lata recién abierta |
Y lo mejor de todo es que esta maravilla la tenemos en el estante del supermercado casi lista para comer.
La salsa es una gastrique (pronunciado "gastrik") de naranja. La gastrique es una salsa que consiste en una reducción de un medio ácido y dulce. Esta en concreto se hace con caramelo, vinagre y zumo de naranja. Es perfecta para el confit porque el sabor dulzón pega perfectamente con la carne de pato y el sabor ácido corta un poco el exceso de grasa y untuosidad. Este tipo de salsa va muy bien con las carnes de caza y también con pescados.
Bueno, y ahora la receta.
Hacer el confit en casa es fácil, pero es un poco engorroso, así que lo mejor es comprarlo ya hecho. Se vende en tarros o en latas y no es caro ni difícil de encontrar (suele estar en todos los grandes hipermercados). Personalmente creo que los mejores son los que se hacen con carne de una raza de pato que se llama barbarie. Especialmente bueno es el confit de pato del sudoeste de Francia, que de hecho es una denominación de origen protegida.
Cuando se abre la lata o el tarro de confit, hay que sacar las piezas de carne y escurrirlas un poco para retirar el exceso de grasa. El recipiente contiene mucha grasa. No la tiréis. Es buenísima para hacer salsas, dar un extra de sabor a algún guiso o para hacer vosotros mismos un confit. Además aguanta indefinidamente en el congelador. Después de vaciar de grasa el recipiente, veréis en el fondo una gelatina marrón. Eso es un caldo de pato concentrado formado por los jugos ricos en gelatina que han salido de la carne. Es muy sabroso y lo usaremos como fondo de sabor de nuestra salsa. Si no lo podéis coger o no hay suficiente podéis sustituirlo por caldo oscuro de ave o de carne.
| El caldo-gelatina al fondo de la lata. |
Ingredientes (2 personas).
-Dos muslos de pato confitados, escurridos del exceso de grasa
-Un vaso de azúcar
-Medio vaso de vinagre de sidra o de vino blanco
-Un vaso de zumo de naranja colado
-Un chorrito de licor de naranja (Grand Marnier, Cointreau, Curaçao, etc) (opcional)
-Una cucharada de la gelatina del fondo del confit (sustituible por un vaso de caldo oscuro)
-Dos cucharadas de grasa de pato (sustituible por dos cucharadas de mantequilla fría)
-Sal y pimienta
Las cantidades de los ingredientes de la salsa son aproximadas porque dependerán de cómo de dulce y ácido sea el zumo de naranja y de lo fuerte que sea el sabor de la gelatina. Empezando por las medidas que he puesto, hay que ir probando mientras se hace e ir añadiendo más si hace falta hasta conseguir el sabor buscado.
Para hacer la carne, se precalienta el horno a 225ºC. Lo que queremos es simplemente calentarla (recordemos que ya está cocida y salada) y dejar la piel muy dorada y crujiente. Cuando el horno esté listo, se ponen los muslos en una rejilla con el lado de la piel hacia arriba y se meten a la altura superior del horno. Es importante usar una rejilla para que la grasa que sale de la piel vaya goteando y no se acumule en la carne. Si en 15 min no está lista, conectamos el grill hasta conseguirla. Si dejamos el pato demasiado tiempo en el horno, la carne se secará.
Mientras tanto ponemos en marcha la salsa. En un cazo ponemos el azúcar a fuego medio para hacer un caramelo rubio. Lo dejamos sin remover hasta que empecemos a ver un cambio de color. A partir de este momento habrá que estar atentos, removiendo si hace falta, para que no se nos ponga oscuro (ni se nos queme). Cuando todo el caramelo tenga un bonito color dorado echamos el licor, y cuando se haya evaporado echamos el vinagre. Si vamos a usar caldo convencional, también lo echamos en este punto. Lo dejamos reducir hasta alcanzar una consistencia de sirope y habremos conseguido la base de la gastrique. Ahora sólo queda añadirle el sabor a naranja.
| Caramelo justo empezando a dorarse |
| Caramelo listo |
Pero antes, unos comentarios:
El objetivo de hacer un caramelo es conseguir espesar la salsa y darle la consistencia de sirope. El punto del caramelo (color) puede ser el que queramos en función del sabor que busquemos. Si dejamos el azúcar blanco (simplemente derretido) aportaremos solamente dulzor. El caramelo rubio añade más riqueza y sabor, acentuándose conforme sea más oscuro. A partir de un cierto punto el caramelo tendrá un sabor fuerte y un ligero amargor. Si el sabor de la salsa va a ser delicado o ligero interesará un caramelo claro, mientras que salsas más contundentes aceptarán bien uno más oscuro. La naranja no tiene un sabor muy fuerte, por lo que si usásemos un caramelo muy oscuro su sabor sería demasiado predominante.
Al reducir el vinagre lo que ocurre es que se evapora el agua casi sola. El ácido acético, ácido del vinagre, es menos volátil que el agua y se concentra en el líquido. Esto aumenta la acidez y la viscosidad del sirope. De esta forma hemos conseguido la base de sabor agridulce de la salsa y la consistencia espesa.
Para darle sabor a la salsa, en este punto añadimos el zumo de naranja. y lo ponemos a reducir a fuego medio-alto hasta recuperar otra vez la consistencia que busquemos. Esto lo hemos dejado para el final porque el sabor de la naranja se deteriora bastante con el calor.
Si no lo hemos hecho antes, añadimos ahora el caldo-gelatina. Este ingrediente es importante, porque le da el fondo de sabor a la salsa. En este momento hay que probarla y ajustarla con sal, pimienta, vinagre y más caldo, según lo que necesite. Cuando esté lista, la quitamos del fuego y le añadimos la grasa de pato (o la mantequilla) removiendo bien hasta incorporarla. Con esto conseguiremos una textura más sedosa y una apariencia brillante.
Ya sólo queda servir el muslo de pato junto con la salsa. Como acompañamiento, le va muy bien algo ligero porque es un plato bastante pesado. Unas verduras salteadas o una ensalada son buenas opciones.